domingo, 21 de agosto de 2011

Un café con sal, por favor.

Los reuní a todos en la sala de estar a las ocho en punto. Ni un minuto más ni un minuto menos tardaron en aparecer con aspecto aparentemente relajado pero se notaba cierta incertidumbre en sus ojos y sus gestos eran tensos porque, aunque creían que no les veía, se retorcían las manos detrás de la espalda.

Llevábamos años juntos, a mi pesar, aguantando sus bromas pesadas, ya que eran muy amigos del destino y me hacían pasar malas pasadas. Sus incordiantes visitas a altas horas de la madrugada cuando mi vulnerabilidad está a flor de piel aprovechando mis puntos flacos pero ya estaba más que harta. Esto tenía que acabar.

Ya les había puesto un ultimátum tiempo atrás pero como quien oye llover, me habían ignorado a pesar de haberles abierto expresamente la puerta para que salieran de mi morada. Ellos seguían en el umbral desnudando el ruido de mi mente sin la menor intención de partir.

"¿Por qué no desaparecéis y me dejáis en paz de una maldita vez?" me repetía una y otra vez cada vez que hacían su aparición estelar en medio de la calle, en la intimidad de mi cuarto, en los libros con dedicatorias de promesas perdidas, en el café de la esquina alumbrado únicamente con farolillos rojos y naranjas, en las bibliotecas de segunda mano llena de polvorientos libros abandonados a su suerte cual perro callejero.

Esta situación se ha pasado de la raya, no puedo permitirme acogerlos durante más tiempo.

Me enfrenté a mis demonios internos frente a una taza de café pero su sabor no dejaba el peculiar gusto de amargura y dulzura entremezclada sino que sabía a fuerza, valentía. Fue entonces cuando comprendieron que ya no tenían nada que hacer, que la batalla había terminado tiempo atrás y que nada les ataba a mi cuerpo, a mi mente.

martes, 16 de agosto de 2011

Adiós bohéme, adiós.

Y se cansó. Se cansó de los besos de papel, de las mentiras disfrazadas, de los encuentros a medias, de la piel tersa llena de marcas ajenas, de los constantes desplantes por la noche, de la farsa de un mundo cartón piedra, de los labios tóxicos, del corazón lleno de arena, de la cabeza siempre  triste.

domingo, 14 de agosto de 2011

Entresijos

Ceniza en la boca, labios resecos de tanto fumar, una botella vacía de Jack Daniels en el suelo y un desconocido semidesnudo ocupando la cama.
Empiezo a hacer ruido a propósito para ir despertando a la persona que utilicé anoche, que me utilizó anoche. Yo para intentar olvidar horas de más y buscar parte de mi orgullo, aquel que se quedó colgado en llamadas telefónicas constantes a altas horas de la madrugada; Él para tratar de encontrarse a sí mismo, parte de su amor propio y algunos sueños ingenuos que quedaron manchados de mentiras.
Parece que despierta. Se levanta. Se pone los pantalones de pie mientras se abrocha la hebilla del cinturón mirándome, no a la cara por supuesto. Termina de recoger sus cosas y se despide con un saludo fugaz, deseando desaparecer. No la llamará, eso seguro.
El camino de la vergüenza comienza en 3, 2, 1....